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El "detalle" de una fugaz mirada italiana

 

Yo no tengo una película favorita. Yo tengo una escena favorita. La misma me viene al dedillo para dos cosas: 1- al fin puedo ilustrar con palabras qué es lo que realmente me gusta del cine; y 2- al fin puedo ilustrar con palabras qué es lo que realmente no me gusta del cine (el argentino, en particular).
      Mi escena favorita forma parte de la película "Los Intocables de Eliott Ness", la que asumo vista por todo aquel que se circunscribe a esta lectura.
     En el momento del film al que me refiero interactúan Kevin Costner, Sean Connery y - el actor número uno del mundo - Andy García (por una cuestión de ahorro espacial, los llamaré por su nombres reales y no de la ficción).
     Se trata de la escena en que Costner (Agente Federal), conjuntamente con Connery (veterano policía) se encuentran en el polígono de entrenamiento para jovenes policías y, por lo tanto, conocen a Andy García, quien recién se inicia en la fuerza.
     Me remito específicamente a la parte en que Connery insulta a Andy García por su condición de inmigrante italiano (o hijo de tales); con todo el desprecio del mundo lo avergüenza por llevar un nombre distinto al que le pusieron sus padres; y, por último, lo acusa incluso de ser un ladrón como todos los italianos.
     Todo lo cual no puede menos que despertar la ira del joven aspirante a policía, Andy García, quien dado el caso empuña la pistola que tiene en su cintura, la termina encañonando en la carótida de Sean Connery, y concluye: "Soy mucho mejor que tú, cerdo irlandés".
     Pero hemos salteado la escena a la que me refiero. Imposible no hacerlo, ya que la misma dura una fracción de segundo. Ya que la misma tan sólo se remite a los ojos de Andy García. ¿Qué es, pues, lo que hay en esos ojos?

     En aquella mirada, principalmente, hay libreto, con lo que quiero decir que son los ojos no del actor haciendo su papel, sino el papel mismo (hijo de inmigrantes italianos recientemente bastardeado por un cerdo irlandés) es quien mira en su expresión más sincera y conmovedora.
     En aquella mirada, por cierto, hay psicología y rigor social, más allá del muy refinado y especial empeño de Andy García por interpretar aquello que quizás fue alguna vez en la realidad. Si se fijan bien, en la primer ocasión que Andy García y Sean Connery cruzan sus miradas existe un mutuo y fugaz reconocimiento: los dos se asumen como hijos de inmigrantes, es decir, como no estrictamente estadounidenses; los dos ven en el otro que, al igual que uno mismo, se recuperan dolorosamente de sus distintos e iguales desarraigos. Incluso hasta podría afirmar que en aquel encontronazo de miradas se vislumbra un celo social consistente en ver quién de los dos está más "americanizado" que el otro. Debo asincerarme en tanto que esta parte de la película suele ponerme la piel de gallina: ¡por Dios, cuántas cosas son capaces de decir esos dos ojos italianos! ¡Cuánta historia hay en ellos! ¡Cuánto difícil afán de superación! ¡Cuánto doloroso desarraigo! ¡Cuánta adolescencia transcurrida aprendiendo a ser aquello que no vino con uno en la sangre! ¡Qué maravillosa leyenda nos ofrece Andy García de la dulce impenetrabilidad del alma humana!
    Es, entonces, lo que en materia de cine yo llamo "CUIDAR EL DETALLE". Limpiarlo; refinarlo; cambiarlo de perspectiva; suavizarlo; pulirlo. Ofrecerlo de la manera más natural posible, aunque con aquella fina cuota de dramatismo que lo hace destacable. ¿Cuánto más que un simple libreto tuvo que asimilar Andy García para, en una fracción de segundo, poder expresar todo lo que llenaba el corazón del personaje?
     Eso es "cuidar el detalle": trabajar para un objetivo superior, ajustarse a los códigos viscerales de un público sensible y no obtusamente taquillero. Ojo, no quiero decir que yo sea sensible; sí quiero decir que ese segundo de mirada italiana me lleva a serlo. Repito: eso es "cuidar el detalle": asumir la responsabilidad de que nuestra vida es una escuela hasta en las más diminutas acciones, tener la certeza de que podemos ayudar a que el otro sea mejor ser humano.
     Esto es lo que me gusta del cine. De algún cine que aún existe por ahí. Esto es lo que tanto le reprocho al descarnado cine argentino: la terrible falta de sinceridad, de vuelo artístico, de emancipación del alma, de respeto hacia el público. Qué simples y vacíos son la mayoría de nuestros personajes; cuánta gris vaguedad hay en aquellos ojos que sencillamente no dicen nada, que no tienen ningún secreto verdadero por más que vendan el secreto de unos ojos insignificantes. Exceptúo de esta lista la película nuestra "Rancho Aparte".
     Bien... doy por asumido que ya todo el mundo sabe a qué me refiero cuando digo aquello de "cuidar el detalle". Hasta el momento, parecía que yo hablaba en jerigonza. Ya no.

    

2 comentarios:

David Rey dijo...

Otra película argentina que exceptúo de la lista: "El Perro".

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=p2upmdEkprg

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