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Yo ya entrevisté a Jack Benoliel

NOTA: Resulta que últimamente por diversas razones el nombre de Jack Benoliel ha acudido a mi mente con la misma naturalidad con que un rosarino menciona al Monumento a la Bandera. Es que, para nosotros, este amable y docto señor instituye un ícono más de nuestra hermosa ciudad. Por si esto fuera poco, casualmente (o causalmente) he tenido el agrado de cruzarme con Jack en el VI Congreso de Economía Provincial realizado en la Bolsa de Comercio de Rosario; por supuesto que muy efusivamente lo he felicitado por haber sido reconocido recientemente como Ciudadano Ilustre de nuestra ciudad, a lo que Jack, casi con timidez devolvió: "Te agradezco de corazón".
     Por si esto fuera poco, urgando en mi computadora, fui a encontrarme con esta bonita entrevista que le realicé hace ya un par de años... Preferí no alterar ni una sola línea de la misma, quizás para no violentar esa inocencia pura que yo mismo puedo entrever palabra tras palabra. Por tanto, a todos aquellos que se han emocionado por causa del reconocimiento como Ciudadano Ilustre de Jack Benoliel, con mucho orgullo este aprendiz de brujo afirma que "yo ya entrevisté a Jack Benoliel".
     ¡Prometo prontamente acudir de nuevo a la honda sabiduría de este rosarino de lujo!


JACK BENOLIEL ES una persona que vive convirtiéndose en Jack Benoliel. Y si bien esta afirmación pueda en principios ocasionar sorpresa, intriga o incomprensión, podemos asegurar que es tan exacta que hasta resulta ocioso transmitirla. También es redundante, en esta oportunidad, reflexionar al respecto del Jack Benoliel periodista, o escritor, o historiador, o poeta, o incluso empresario si se quiere. A los que estamos interesados en aprender a crecer, a los que necesitamos un envión más para salir adelante, nos puede servir mucho más conocer esa chispa original, ese fragor empírico y esa magia argumental que lo lleva a ser el Jack Benoliel que sale en el diario, que habla vehementemente y que lo convierte de modo irreversible en un verdadero baluarte rosarino.
     Vamos a intentar conocer, entonces, los principales parámetros que le permitieron a este señor posicionarse socialmente a tal punto de ser considerado una persona distinguida. Sin embargo, en esta ocasión, no hallaremos ecuaciones económicas o perspectivas comerciales ni nada, nada de todo eso. Jack Benoliel, como veremos, es una persona cien por ciento espiritual, y quizás aquí encontremos una clave de oro que nos abra el camino para todo lo que buscamos.
     A los 37 años de edad a Jack se le presentó un gran obstáculo que hizo temblar el curso de su destino: el fallecimiento de su madre. Lo que puede entenderse como un desenlace natural, aquí posee un carácter que indudablemente lo hace especial. Jack Benoliel contaba con nueve años cuando quedó huérfano de padre, dolorosa circunstancia que llevó a la madre a llenar el gran vacío suscitado. Nos dice Jack, en exclusiva para Inforosario: “A los atributos maternos, yo vi en ella cómo reemplazó los atributos paternos, asumiendo con carácter la educación de sus hijos”. Nos cuenta que se trató de una mujer que tuvo que salir a la calle a ganar el pan para alimentar a tres hijos, motivo por el cual la familia se trasladó de Empalme Villa Constitución a Rosario. Fueron tiempos duros en todo sentido, pero nada impidió que el ideal se mantuviera incólume: la educación doméstica, fundada en el afán por la lectura.
     Jack Benoliel recuerda que cuando cumplió 18 años su madre le hizo un obsequio que sería decisivo en su vida: los cuatro tomos de la “Historia del Gral. San Martín” de José Pacífico Otero. “Lo conozco a San Martín a través del camino que marcó mi madre”, diría nuestro amigo, explicando elegantemente su archiconocida devoción por El Libertador. “Ella tenía EL OBJETIVO de que sus hijos leyeran”, dice. Tanto influyó esta mujer de hierro en su vida, y de una forma tan especial, que, según él mismo, luego del deceso de su madre tuvieron que pasar dos años “para volver a ser el que era”.
     Atención: el amor por los libros es un rasgo elemental en la vida de Jack Benoliel. Estamos hablamos nada menos que de un señor que se despierta todos los días a las dos y media de la madrugada nada más que para seguir leyendo hasta que vuelva el sueño; de una persona que siempre posee un detalle o una paráfrasis para enriquecer cualquier conversación; de un hombre que sigue manteniendo un espíritu de investigación voraz; y de un alma en cuya esencia radian celosas todas esas lecturas que completan un saber exhaustivo. Según él “los libros liberan, enseñan y redimen. Los libros son los que posibilitan abrir los caminos en todos los aspectos del existir humano”. Él mismo es el mejor exponente de estas palabras.
     Podemos ilustrar sobre otro singular desafío que se le presentó a nuestro personaje cuando era sólo un niño. Un niño, sí, pero que provenía de la única familia judía de Empalme Villa Constitución, circunstancia suficiente como para que hoy todavía perduren las marcas de un prematuro desengaño.
     - ¿Qué cosas lo han desilusionado, Jack?, le pregunto, haciendo gala de la confianza que este señor me ha permitido profesarle. A lo cual él responde:
     “Me han desilusionado aquellos que se han mostrado, querido, no aceptando la diferencia. ¿Yo soy diferente? ¿Y qué tengo que me diferencia?”. Es aquí donde se acuerda del vuelco que dio su vida el simple día que no acompañó a sus compañeros a tomar la Primera Comunión. “En cierto modo, dice, yo pasé a ser el matador de Dios ante esos chicos…El chico aquél que llevaba la pelota, que era yo… ya no querían jugar con mi pelota”. Si bien aclara que con el paso del tiempo “esas cosas” han mermado, remata con se trató de “un desengaño que perduró en mi alma. Cuesta arrancarlo”.
     Bueno, hasta aquí entonces, tenemos al Jack puro, neto, tal cual lo moldeó el céfiro del tiempo. Hemos destacado dos significativos desafíos planteados por la vida. ¿Y de qué modo, pues, nuestro amigo ha pervivido a la indolencia? ¿Qué ha hecho, con qué ha sabido sortear los obstáculos del destino? Mucho de esto se contesta solo, aunque necesariamente debemos hurgar en lo antes dicho para volver a un punto vital e ineludible: la lectura.
     Jack Benoliel todavía considera el gran esfuerzo económico que significaba para su madre la educación de los tres hermanos, sobre todo lo concerniente a la compra de libros. Podemos imaginar, entonces, que absorbiendo desde muy pequeño la sabia de tantas lecturas, le fue posible a Jack construir un mundo interior paralelo al mundo exterior; un mundo interior repleto de seres admirables, valerosos, fantásticos, de historias maravillosas que enriquecieron su mente y su corazón. Resumiendo: la lectura, el mundo de la lectura, le posibilitó a Jack no decaer nunca en la desilusión, puesto que a pesar de los tropiezos y las soledades, desde muy adentro Jack siempre abrigó esperanza. Esperanza en el hombre.
     ¡Él mismo lo dice, por favor! Aunque, obviamente, que desde una perspectiva más elevada, más a lo Jack. En efecto:
     - ¿En qué cosa nunca dejó de creer, Jack?, le digo, esperando algo revelador. Su respuesta no se hace esperar, casi automática.
     “En Dios. Los valores espirituales religiosos no deben ser abandonados jamás. Marcan una senda”, dice.
     En rigor, Jack se define como una persona religiosa, y deberíamos considerar la limpieza de su corazón acaso para mostrar la contracara de estos días en que por motivos de credo se puede desatar una guerra. Él dice que su condición de judío no altera para nada su argentinidad, y, por si esto fuera poco, en materia de religión, se acuerda de Juan XXIII y de Juan Pablo II con la misma admiración y el mismo respeto con que lo haría un Católico acérrimo.
     ¿Qué argumento podríamos blandir para sintetizar la enseñanza que viene a legarnos el señor Jack Benoliel? Lo mejor de todo, obvio, sería hablar con él, verlo, verlo bien cuando está a punto de tomar la palabra, descubrir el preciso instante en que se convierte en eso, en ese, ese alguien tan preciso, tan sutil, tan enamorado del saber y de la dignidad humana. “El principio de la ética, como él dice; saber apreciar en el otro los mismos derechos que nosotros ansiamos”. Vamos a quedarnos con que, para salir adelante, es necesario concentrar un poderoso espíritu de tenacidad, de búsqueda, de esperanza. Poseer un objetivo noble, aprovechar cada momento para capacitarnos, no ceder jamás a la injusticia, saber esperar, y seguir, seguir buscando, buscando y buscando. Quién mejor, entonces, que el mismo Jack para cerrar esta charla con algo suyo francamente revelador, sabia de tanta experiencia:
     “Quién busca tanto algo… ¿en cierto modo, no lo tiene?”

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