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¡¡¡VIVA MÉXICO!!!

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ANTE LA DIFÍCIL situación que hace tiempo está viviendo la hermana República de México, con verdadero afán latinoamericano, me solidarizo sentidamente con las víctimas inocentes del narcoterrorismo.
     Estimo que cada día se hace más apremiante la necesidad de que América Latina toda tome cartas en el asunto; no es propio de gente decente permanecer impasible mientras que un hermano atravieza el peor sufrimiento. (Si al retrógrado de Morales se le cae una pera en la cabeza, enseguida está todo el mundo amenazando con enviar tropas para restablecer la "democracia" en Bolivia).

EXIJO QUE LAS NACIONES MÁS MILITARIZADAS DEL CONTINENTE PRESTEN SUS FUERZAS A MÉXICO PARA ANIQUILAR AL ENEMIGO (SIN EL MENOR VESTIGIO DE PIEDAD) EN EL MÁS CORTO PLAZO.

Brasil, Chile, Venezuela, Colombia... ¡Argentina! ¡Manos a la obra!


¡¡¡VIVA MÉXICO!!!

"Qué saben, ellos... del amor"

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HAY COSAS A las que uno, sinceramente, ya no puede permanecer impasible. No siempre la labor del periodismo o de la comunicación en sí debe esperar a que sucedan hechos lamentables para ir a cubrir con una filmadora en mano y documentar el pavor de la gente. Hoy, 14 de Febrero, sería -créanme que así lo pienso- una verdadera displiscencia no hablar de lo que habla todo el mundo. Es inevitable hacer un aporte a este respecto.
     Nunca me quedó muy en claro el por qué del Día de San Valetín. A decir verdad, nunca me interesó saberlo sinceramente... Sólo sé que se entiende como "el día de los enamorados". Eso mismo. ¿Hace falta saber más?

     El problema es que al respecto del amor... nada hay más inútil que teorizar, o historiar, o simplemente explicar. ¿Qué se podría decir? ¿Alguien lo sabe? Hablar del amor es equivalente a dejar bien en claro que uno no lo está haciendo.
     Por otro lado, tampoco hay mucho para saber. O sí... ¡qué se yo! Es decir, lo que comúmente podemos reprocharnos es eso: ¿quién sabe algo bien cierto acerca del amor o del simple hecho de estar enamorados? Y si nadie sabe nada, ¿por qué demonios se celebra, justamente, el Día de San Valentín?
     De esta manera, entonces... nosotros vamos a referirnos a este día tan especial. Nos vamos a poner en el papel de malos por un momento y le vamos a reprochar a todos los enamorados del mundo... qué es lo que demonios saben acerca de estar enamorados. Qué saben, ellos... del amor.
     La poesía que sigue es un esfuerzo en responder esa pregunta, resultado de los siempre fragorosos días de adolescencia.

Qué saben, ellos... del amor.
Ellos, que en las vacías penumbras
de la habitación sin vida
se van recorriendo el uno al otro
como ríos nuevos en las grietas
más profundas de la montaña.

Qué saben, ellos... del amor.
Esa cosa, esa palabra, ese don. Qué saben.
Y se confunden en la misma sustancia,
y se mezclan entre sí, se mezclan
como ubres derretidas, como sangres,
como sales en el agua.

Editorial para Viviana Villagi

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¿PARA QUIÉN ESCRIBO YO?

ESCRIBIR ES LINDO. Ella, también lo debe saber. Es una necesidad ardiente cuya explicación roza lo desbordadamente irrazonable; nadie se muere por no escribir. No tiene explicación. Escribir es… digamos… testimoniar. Fíjense una cosa: ¿qué separa la prehistoria de la historia? Precisamente: el escribir. Desde que el hombre aprendió a testimoniar una suerte de primitiva contabilidad sobre placas de piedras, es desde donde el hombre comenzó a CONTAR LA HISTORIA. A eso mismo nos remontamos cuando queremos conocer, justamente, la vida del hombre. Antes que eso, el hombre solamente dejaba huellas.
     Escribir es lindo, queda claro (aunque no se sepa por qué). Pero más lindo aún es escribir para alguien. Equivalente a cambiar la botella al mar por la flecha de Cupido. Debo, entonces, esta editorial a Viviana Villagi, en adelante, la destinataria de mis flechazos ardiendo fuego y la responsable directa de esta locura rabiosa que es escribir.
     Viviana Villagi se tomó su tiempo hace unos días para enviarme un mensaje cuyo asunto es el siguiente: “estoy atrapada por tu blog”. A continuación, sus palabras resumen una dulce caricia para mi estima, un invalorable reconocimiento para tanto esfuerzo que muchas veces pareció difuminarse sin mayor trascendencia, “como una cortina de polvo en las últimas luces del día” (el entrecomillado se debe a que la frase la sustraigo de un poema que supe escribir en mi adolescencia. Con lectores como Viviana, vale la pena “jugarse” con estas desvergüenzas semánticas).
     Esta mujer, con alma de adolescente, modales de señorita y sueños de niña, es en realidad una mujer de acero. Y eso que generalmente uno está acostumbrado a escuchar la frase “es un hombre de acero”; bueno, las cosas están cambiando en este mundo. Viviana Villagi tenía 12 años cuando una noche el estampido del destino la arrebató del mundo de los sueños y la soltó en la horrible realidad; era una niña aún cuando una bomba estalló en la puerta de su casa ocasionando los destrozos que ocasionalmente vemos en las películas. Vivía con su familia (como ella dice en su mensaje, “mis dos hermanos y mami y papi”) en pleno centro del barrio de Caballito, en Capital Federal.
     Corría el año 1972. La madrugada se resarcía, hasta entonces, con total normalidad. Pero en la calle Ángel M. Jiménez (44) y Avenida  Rivadavia también vivía un Capitán de Navío que eventualmente había de ser el objetivo de un grupo de imbéciles terroristas. El departamento del Capitán estaba en el sexto piso, así que imagínense la potencia de la bomba diseñada para alcanzar dicha altura. El departamento donde vivía Viviana con su familia estaba en planta baja, así que imagínense las consecuencias que esa gente debió pagar sin tener nada que ver con esa lucha enferma que enorgullecía (y enorgullece) a los “jóvenes idealistas” de entonces.
     Nunca el Estado se hizo cargo de los daños, ni mucho menos el consorcio del edificio. Lo que diferencia a Viviana de miles de argentinos es que ella, desde niña, vio (y aprendió) cómo su padre, con tanta entereza como resignación, se hacía cargo de los indecibles destrozos en pos de restaurar la normalidad de una familia que ya nunca habría de vivir en normalidad. Por eso que Viviana me dejara bien en claro que ella aceptaba que yo hiciera pública una respuesta a su mensaje siempre y cuando en ningún momento estas palabras denotaran un reclamo de ella porque se la reconozca como víctima. Viviana es, pues, una mujer de acero, no una víctima. Ella se hace cargo de su destino, lo asume, lo digiere, y marcha hacia adelante. Resulta extraña la actitud de esta mujer en tiempos donde mucha gente se pelea y hasta se torna repugnante por recibir la intitulación de “víctima”. Víctima de esto y víctima de aquello. Mientras que muchos lloriquean en todos lados con tal de ser tenidos como víctimas, Viviana se aleja de eso porque su educación y moral la hacen responsable de sí misma y por tanto… con los tiempos que corren… no puede perder tiempo lloriqueando tras una cámara de televisión. Es preciso henchirse de la valentía de mirar hacia delante.
     “En el año 1977 cursaba el secundario en el Colegio Santa Rosa de Caballito; en 5to. año nos  propusieron ir lógicamente a Bariloche o a Misionar a Santiago del Estero en el Obispado de Añatuya. Yo, por supuesto, con mi temprana vocación por los más necesitados, elegí ir de Misión. Estuvimos con la Madre Superiora Pía un mes en Weisburg, un pueblito perdido en la periferia de Santiago, misionando con sus pobladores y todas volvimos sanas y salvas, o sea, que eso de que si estabas en trabajo social "los milicos te secuestraban y liquidaban" forma parte del imaginario colectivo que tan bien se encargaron de  sembrar”.
     El entrecomillado se remite a una cita textual del mensaje que me enviara Viviana a mi mail. Es ilustrativo, pues, que una mujer, golpeada cuando niña por la enfermedad mental de los terroristas, reúna en sus entrañas “la temprana vocación por los más necesitados”. Yo no fui a Bariloche; sinceramente, la economía de mi familia no podía tolerar semejante gasto, pero me tocó observar la enorme “insolidaridad” de los que sí habrían de viajar. Recuerdo que a mis compañeros les sugerí “que sean más reservados en sus ruidosas alegrías, considerando que había mucha gente que deseaba viajar igual que ellos pero que sencillamente no podía”. Creo haberme remitido a uno de los postulados cristianos más elementales. Viviana… fue como hablarles en chino. Yo siempre mantuve que hay cosas que si no se aprenden de chicos, no se aprenden más. La solidaridad, amiga, si no viene de fábrica, si no nace con nosotros… vos lo debés saber bien… si no nace con uno, no habrá modo que se origine alguna vez. Esa misma gente incapacitada cuando joven de asumir una postura respetuosa y solidaria para con el prójimo, es EXACTAMENTE la misma gente que hoy se solidariza con los enfermos mentales que pusieron una bomba en tu casa para matar al Capitán de Navío y a toda su familia en el sexto piso. Es la gente que se horroriza por el supuesto “terrorismo de Estado” del que hablan los medios y ni se les mueve un pelo ante la indiscutible situación de terrorismo que vivió el país en plena democracia.
     Quiero decirte una cosa más, Viviana… y discúlpame que me extienda… Que hayas elegido ir a Misionar por los más necesitados en vez de ir de fiesta a Bariloche, es, por lejos, la cosa más hermosa que yo haya leído alguna vez. Que con 18 años elijas ayudar al pobre en vez de bailar en una discoteca, te instituye – a mi juicio – no sólo muy por encima de las actuales vicisitudes, sino que además le ocasiona a mi alma la tranquilidad más plena por el hecho de saber que existen personas como vos. Me pone contento y me satisface que me escribas porque “estás atrapada por el blog”, pero me enorgullece hasta la médula el nivel de persona y el nivel de mujer que accede a mis escritos. Hasta el periodista que haya obtenido el Putlizer envidiará (lo digo con total seguridad) el nivel moral e intelectual de mis lectores.
     "Lo que me maravilla es este aire fresco que entra por la ventana  (como se dijo en el Concilio Vaticano II respecto a las reformas de la Iglesia) que viene de la mano de gente tan jovencita, como vos, como Victoria, y con tanto coraje, valor y sobretodo Amor por la verdad, me viene  a rescatar del absurdo cotidiano. Soy abogada hace 26 años y nunca he tenido la dicha de escuchar respecto a nuestra historia tanta sensatez, y repito de la mano de gente tan jovencita, es como si fuesen Ángeles, que han venido a sembrar la verdad".
     Es un placer escribir para gente como vos. Es un placer dejar de tirar botellas al mar, auxilios sin ecos, socorros desventurados… por la flecha que se mete en un corazón profundamente humano y cristiano. Escribo para gente como vos. Para gente reacia a las distintas formas del resentimiento; para gente abierta a la posibilidad de nacer cada día a pesar de las injustas bofetadas del destino. Escribo para los que escuchan, no para los que oyen. Escribo para los que piensan, no para los que repiten. Escribo para los que sienten, no para los que resienten. Escribo para el futuro, no para el pasado. ¡Escribo para Viviana Villagi!
     ¡Ya no grito más…! ¡Tengo quien me escuche y quien lea mis escritos! ¡No más botella al mar! ¡Ya no grito más…! ¡Pero sigo gritando! ¡No grito por desesperación sino porque di con la esperanza! ¡Gracias por la luz, Viviana! ¡Gracias por el consuelo y gracias por la lucha! ¡No escribo para el hombre, escribo para el alma de los hombres! ¡Sigo gritando, Viviana…! ¡Sigo gritando para que todo el mundo sepa que no estás sola! ¡No, no estás sola…! ¡No!
     Con gente como vos, ¡nadie está solo en este mundo! ¡No estamos solos!


Nota relacionada:

El impacto de Agustín Laje Arrigoni y otras estadísticas

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ENERO HA SIDO un mes de franca satisfacción para este blog, no sólo por la calidad de las personas que han sido entrevistadas sino que -en base a lo mismo- el nivel de visitantes ha sabido incrementarse hasta en más del 500 por ciento. Tanto el señor Arturo Cirilo Larrabure como el escritor Agustín Laje Arrigoni han revolucionado la performance de "PERIODISMO... para periodistas".
     No faltará, con seguridad, aquél que venga a reprocharme que acaso el blog se haya "derechizado", a lo que yo podría responder que el mismo más bien se "ultra-ANTI-izquierdizó", aunque no sea ésta, en rigor, la verdad de la milanesa. En vistas de la ostensible "derechización" o "ANTI-izquierdización" es que tuve a bien la confección de la siguiente editorial, para despejar todo margen de dudas: "Cuento sobre si ser de derecha o izquierda" (escrito que, gracias a Dios, ha sido bien recepcionado por el público en general; incluso cálidamente difundido).
     En realidad hubo un cambio de políticas en "PERIODISMO... para periodistas". Me pregunté, dado el caso, de qué manera podría serle útil a mi Patria desde mi pequeño lugar en el mundo y en base a mis humildes posibilidades. Entonces, dos cosas ganaron preponderancia en mi cabeza: por un lado, la enorme proclividad de la gente de mi país a creer en mitos (léase "mentiras") y, por el otro (consiguientemente), el áspero año electoral que nos espera donde seguramente será la sociedad argentina susceptible al rotundo embate de ideologías enfermas que tanto distinguen a los actuales partidos políticos.

Mi respuesta a un lector enojado

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Evidentemente no a todos les gusta el trabajo que yo realizo. Uno de los tantos cibernautas que visitaron mi blog, aparentemente se sintió muy disgustado con la entrevista que días atrás le realizara a Agustín Laje Arrigoni, en tanto que con palabras subidas de tono me envió el siguiente mensaje (que también puede leerse subyaciendo el artículo mencionado):

"David, dos cosas. Rápido porque me tengo que ir a dormir y estas discuciones, en el tiempo que corre, ya no tienen sentido. Te escribo de un perfil de blogger abandonado. Por si después te remitís allí y no encontrás nada. La primera, te jactas de ser un comunicador. Incluso, de querer dar cátedra. Me gustaría conocer la experiencia laboral que, supuestamente, acredita y legitima tus palabras. Más allá de este blog berreta y progresiesta, plagado de entrevistas inútiles si de intervenir la realidad hablamos. En segundo, para la parte dos de esta entrevista, preguntale al pibito por todos los periodistas asesinados en dictadura. Iba a poner: por todos tus colegas asesinados en dictadura. Pero no te lo merecés. Ah, y si te sobra tiempo, pregunta por los periodistas asesinados en democracia. Cuyas muertes articularon los más siniestros personajes de los años de plomo que, por desgracia, dejamos vivos. Cuando quieras yo te entrevisto y te pego un paseo limpito en aire de radio. O en papel. Un saludo papi. Hasta la victoria. Siempre patria o muerte.

Belisario S." (Sic).

Urge, pues, una respuesta.

Estimado Belisario S.:

     Ante todo, no coincido en que estas discusiones "no tengan sentido". Es decir... no coincido que sean llamadas "discusiones". Yo prefiero conversar siempre antes que discutir. Se trata, pues, de un simple retoque semántico pero que definitivamente dirime de modo substancial el destino de nuestras problemáticas. Y realmente Argentina es una país donde se discute mucho pero se conversa poco (si te sirve, en este artículo me explayo al respecto: ¿Hay debate en Argentina?).
     Creo que en los tiempos que corren es tal el grado de hipocresía reinante, que todos los argentinos tenemos que hacernos la mea culpa de haber estado tanto tiempo sin conversar sobre el tema. El esfuerzo de Agustín Laje Arrigoni, como otros tantos más, es la invitación más educada con que contamos hoy en día para volver a sumergirnos en la problemática de los años 70 sin peligro de salir viciados o enfermos de falsa ideología. Es una pena que subestimes a un joven que estudia, que trabaja, que investiga y que por si fuera poco ha escrito un libro al respecto de nuestra historia reciente.
     Remitiéndome a otra parte de tu mensaje, me pregunto si deberé reprocharme el hecho de sugerirme a tus ojos como un "jactancioso", pero todavía no encuentro el preciso momento en que, como decís, me dispuse alguna vez a dar cátedra al respecto de no sé qué. Lo que sí sé es que me estoy dirigiendo a uno "del palo". Por lo mismo es que me parece una "fantochada" que me pidas referencias laborales que acrediten mi trabajo. Nene... vos sos de acá, de Rosario... no te hagás el gil, que sabés muy bien cómo son las cosas acá (y si no sos de Rosario, seas de dónde seas, estoy seguro que es la misma paparruchada). No veo la necesidad de brindarte detalles al respecto, tan sólo el simple hecho de remarcarte que soy un laburante igual que vos.
     Soy un laburante, es verdad. Pero antes que eso, soy un hombre, lo cual resume el orgullo más vivo que Dios y la madre naturaleza me concedieron. ¿Cuántos periodistas hay en Argentina que desfilaron por todos los medios habidos y por haber y siguen siendo unos zanguangos buenos para nada? Amigo, vos sabés mejor que yo que en este terreno no hay referencias sino prontuarios. A menudo me pregunto si el costo a pagar por ser intitulado periodista es precisamente el hecho de tirar la moral a los chanchos, de ser un mentiroso, un tibio, un infame. Me ha tocado hace años trabajar como operador técnico en varias radios de Rosario; me ha tocado tener enfrente a sendos periodistas o comunicadores (al servicio de un político de turno, obviamente, y obviamente sabrás que esto acá se maneja así) que rabiosamente clamaban al aire por los derechos de esto y aquello, y nunca ninguno de esos paladines de la justicia social se fijó que el operador estaba contratado en negro, sin cobertura social, con un sueldo vergonzante y que llegado el fin de semana no podía comprarse un par de zapatillas como la gente o salir a comer con la novia. Amigo, ésa es mi referencia laboral por si te interesa. La tengo bien clarita al respecto... Sé bien qué clase de inútiles jactanciosos son los periodistas en este país. Reniego rotundamente de que se me tome por tal si por ello debo renunciar a mi condición de hombre honrado. En efecto, te agradezco que no me llames "colega" (si algún día querés charlar conmigo al respecto, lo acepto siempre y cuando me muestres los recibos de sueldo de todos los que componen el staf de tu programa, incluso el tuyo. En su defecto, un comprobante de que al menos tienen un sueldo no inferior a $ 3.000; lo básico para vivir hoy en día con algo de dignidad. Mostrale este mensaje al que te habilita el micrófono y se banca todas tus cursilerías, y después miralo a los ojos).
     Te parece "berreta" este blog. Pues bien... a eso sólo puedo responder que absolutamente todos sus artículos están escritos con solvencia gramátical y ortográfica, cosa que brilla por su ausencia en el mensaje tuyo que transcribo con la necesaria aclaración de "sic". Uno hace lo que puede, amigo... Como se dice, "es lo que hay".
     Tenemos planeado con Agustín seguir charlando al respecto de los 70. No dudo que, dado el caso, charlaremos sobre las consignas que planteás. Eso sí, te aclaro una cosa: un periodista que deja la pluma y toma un arma, necesariamente se ajusta a cierto nivel de riesgo. Lo mismo para aquél cuyo empeño transige en favor de los terroristas (que hostigaron a la Nación en plena democracia) y que, por tal, se inscribe como "mercenario". En fin, quiero creer que sos lo suficientemente inteligente para no negar que en este país HUBO UNA GUERRA declarada por los terroristas antes del 76 y que, por tal (dentro de ese contexto) era muy otro el margen de respuesta ante una agresión de ERP o Montoneros (no sé con cual de las dos simpatizás vos, o con las dos).
     Pero lo que justamente me preocupa de tu mensaje, y lo que me motiva a contestarte es lo que decís al finalizar el mismo. "Cuyas muertes articularon los más siniestros personajes de los años de plomo que, por desgracia, dejamos vivos". "Dejamos vivos". ¿Vos, a quién "dejaste vivo"? Es decir... ¿cuál era tu participación en la cosa? O sea... si asumís que "vos dejaste vivo" indirectamente me estás diciendo que por otro lado "mataste". O, en caso de que lo tuyo sea retórico, estás aprobando conscientemente que "mataron". MATARON. Te lo pongo con mayúsculas para que leas bien. A ver... otra vez: MATARON, y vos lo estás aprobando. No sólo eso. Estás reprochando que tendrían que haber MATADO MÁS. "Por desgracia, dejamos vivos". Ésas son tus palabras.
     Decime una cosa, Belisario... vos, ¿de qué carajo te podés asustar? ¿La vida de quién te proponés defender? Por amor a Dios Santo... que nunca me toque un amigo que me vaya a defender como vos. Que nunca me toque un verdugo por amigo. No puedo dejar de leer esa frasecita: "por desgracia, dejamos vivos". A ver... otra vez... más claro aún: ¿quién demonios te pensás que sos? Sos una persona cuyo corazón aprueba y reivindica los crímenes que cometieron esa banda de imbéciles a los que yo les debo este país confundido y asolado que dejaron. Así que vos MATASTE. O, aprobás a los que MATARON.
     Mirá, Belisario... en esta vida he aprendido una cosa muy importante, y anotatela: la izquierda o el socialismo, es cierto, nace en el corazón, pero se escupe por la boca. La gran mayoría de los izquierdistas bastardean y avergüenzan el género humano con el simple hecho de haber nacido.
     Sé que se trata de una coronita que querrás prontamente quitártela de la cabeza. Este blog es asiduamente concurrido por personas que han sufrido en carne propia (y tenido víctimas mortales en sus familias) por esa banda de imbéciles desalmados a los que vos les reprochás que MATARON POCO. Te concedo, pues, el derecho a réplica, siempre y cuando las primeras líneas de tu mensaje sean de una sentida disculpa hacia las personas que sufrieron el terror de tus correligionarios, aquellos que vos decís que MATARON POCO. Estimo que ese gesto de caballerosidad de tu parte será el umbral que nos permita acceder a una realidad mutua de disculpas y concesiones. Si vos te disculpás con mis lectores, naturalmente yo te concederé la posibilidad de seguir participando de "PERIODISMO... para periodistas" y sabré que puedo contar con vos cuando requiera la aprobación de un hombre honrado.

DAVID REY
 
 




Reconocimiento a "PERIODISMO... para periodistas"

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El siguiente mensaje me fue enviado recientemente. Agradezco con satisfacción al firmante, aunque por una entendible cuestión de ética debo reservar su identidad. Simplemente deseo que esto se traduzca en un mero reconocimiento al esfuerzo de "PERIODISMO... para periodistas" por realizar un trabajo honesto y desinteresado.
 ¡Es la idea!





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Cuento sobre si ser de derecha o de izquierda

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YO NO SOY ni de derecha ni de izquierda (me asombra que algunas gentes elijan enrolarse tras una simple palabra), pero estoy tanto más lejos de lo que segundo que de lo primero que hasta observo con menuda indulgencia a todo aquél que me tache de fascista.
     Me resulta, incluso, hasta ciertamente ridículo el empeño generalizado por definirse de izquierda o de derecha, me revela un deseo de pertenencia a un "algo" tan intangible, tan espurio y tan improbable... Me asusta, además, el hecho de que haya personas tan confundidas que se peleen entre sí para demostrarles al otro que no pertenecen más que a nada, más que a un cuento, más que a un capricho odioso y enfermizo.
     Esa ciega obsesión por pertenecer a nada se traduce en una completa incapacidad de asumir un compromiso. ¿Cómo se explica? Pues bien... Sería mucho más razonable y productivo en un hombre que se compromete con una causa sin sentido como es ser de derecha o de izquierda, que se comprometiera con la educación de sus hijos, con el pago de los impuestos, con el respeto al prójimo, con el cuidado físico... con la limpieza del garage, el baño del perro, el planchado de las camisas. Hasta sacar la basura a la calle es más razonable (e inteligente, y -obviamente- masculino) que andar vociferando por ahí "hey, mundo... yo soy de izquierda o de derecha". Observo que el forzado sentido de pertenencia a una causa espuria y estrictamente sujeta a teorías centenarias viene a tapar un hueco en el corazón del hombre actual.
     Precisamente, en la actualidad está más de moda ser de izquierda que de derecha, lo cual torna aún más tenebroso el paisaje urbano. ¿Por qué? Digamos que por una cuestión estrictamente "técnica". Hoy en día no sólo que está de moda ser zurdo, si no que lo mismo no resume en otra cosa que en una forma de descalificación general hacia el que no lo es y, por si fuera poco, son mayoría. Quizás no sean mayoría en términos cuantitativos, pero sí cualitativos, porque son los de izquierda los que vociferan por todas partes, los que lloriquean a toda hora en la pantalla de televisión, los que claman ardorosamente por la liberación de esto y aquello, los que no se sacan de la boca el asunto de los derechos humanos como si ello justificara cualquier medio. Son, pues, mayoría... Porque gritan. Pero la naturaleza misma de la izquierda no es ser mayoría, sino minoría. Técnicamente hablando, la izquierda es izquierda porque es minoría.
     Y esto precisamente es la naciente de un conflicto. Tomen nota de la siguiente verdad absoluta, inefable e indiscutible: UNA MAYORÍA HENCHIDA CON ÁNIMOS DE MINORÍA es equivalente a una sociedad mayormente abarcada por perdedores, resentidos, negadores de la realidad, tergiversadores de la historia. Perdedores porque no ven que están ganando (a base de especulación y destemplanza) y, por ende, tienen constante miedo de perder; resentidos porque no se recuperan del desastre íntimo que les significó haber sido minoría alguna vez; negadores de la realidad porque es la única forma que tienen de articular la victimización que les permitió llegar a mayoría; y tergiversadores de la historia porque evidentemente tienen más cosas de las que avergonzarse que enorgullecerse. Así de simple, así de técnico es el asunto. Ante un cuadro así, un hombre razonable (que se respete así mismo y que no tire a los chanchos la honra e incluso la masculinidad) no puede menos que repeler los falsos paradigmas de una supuesta izquierda más diseminada que los volantes del supermecado COTO. De ahí que, si bien no me asuma ni de una cosa ni de la otra, estoy tremendamente más lejos de tal que de cual.
     El panorama, entonces, es triste. Ya no estamos hablando de una simple lucha de postulados políticos si no más bien de caprichos e íntima represión de ideas. Por eso es que lo mejor es, pues, aplicar la lente milagrosa del humor para digerir la tristeza y esbozar un poco de alegría. A este respecto, Walter Omar Dari (un interesante contacto mío en Facebook) tuvo el ingenio de observar mi tristeza y trocarla en alegría mediante un cuento que posteó en mi Muro y del que ya no podré prescindir.
     Con él redondeamos este artículo, en tanto que no dejo pasar la oportunidad de felicitar la perspicacia de Walter y, de más está decirlo, de agradecerle encarecidamente.
     ¡Lean el cuento!

SER DE IZQUIERDA O DE DERECHA

Una universitaria cursaba el último año de sus estudios en la Facultad.
     Como suele ser frecuente en el medio universitario, la chica pensaba que era de izquierda y, como tal, estaba a favor de la distribución de la riqueza.
     Tenía vergüenza de su padre. Él era de derecha y estaba en contra de los programas socialistas.
     La mayoría de sus profesores le habían asegurado que la de su papá era una filosofía equivocada.
     Por lo anterior, un día ella decidió enfrentar a su padre.
     Le habló del materialismo histórico y la dialéctica de Marx tratando de hacerle ver cuán equivocado estaba al defender un sistema tan injusto.
     En eso, como queriendo hablar de otra cosa, su padre le preguntó:
     - ¿Cómo van tus estudios universitarios?
     - Van bien -respondió la hija, muy orgullosa y contenta-. Tengo promedio 9, hasta ahora. Me cuesta bastante trabajo; no voy a los boliches, no salgo, no tengo novio y duermo cinco horas al día, pero, por eso ando bastante bien, y voy a recibirme en término.
     Entonces el padre le pregunta:
     - Y a tu amiga Soledad , ¿cómo le va?
     La hija respondió muy segura:
     - Bastante mal. Sole no se exime porque no alcanza el 6 (tiene 4 de promedio), pero ella se va a bailar, pasea, fiesta que hay está presente, estudia lo mínimo, y falta bastante... no creo que se reciba, por lo menos este año.
     El padre, mirándola a los ojos, le respondió:
     - Entonces hablá con tus profesores y pediles que le transfieran 2,5 de los 9 puntos tuyos a ella. Ésta sería una buena y equitativa distribución de notas porque así las dos tendrían 6,50 y aprobarían las materias.
     Indignada, ella le respondió:
     - ¡Estás loco vos? ¡Me rompo el traste para tener 9 de promedio! ¡Te parece justo que todo mi esfuerzo le pasen a una chanta, vaga, que no se calienta por su carrera! Aunque la persona con quien tengo que compartir mi sacrificio sea mi mejor amiga... ¡¡¡No pienso regalarle mi trabajo!!!
     Su padre la abrazó cariñosamente y le dijo:
     - ¡Bienvenida a la derecha!

     Moraleja: Todos somos rápidos para repartir lo que es ajeno.
    
Notas relacionadas:

La entrevista a Larrabure en Facebook

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Evidentemente Facebook puede llegar a ser una excelente herramienta de difusión, más aún para aquellos que, como yo, ya estamos un poco hartos de la manera tibia o acomodaticia en que suele transcurrir la información "oficial", es decir, aquella que nos llega a través de los grandes medios de comunicación.
     En muchos casos, Facebook ha venido a significar un "destape" para personas que, (también) como yo, han decidido librar la flema del pensamiento y asimismo del sentido de justicia y verdad.
     Es un honor usar Facebook para estos fines.
     Al respecto de la entrevista a Arturo Cirilo Larrabure, deberé consignar que ha significado un record increíble de visitas al blog (según las estimaciones de Google Analytics). Evidentemente la gente se entusiasma ante la sola posibilidad de que se vaya descubriendo la verdad de los hechos y, por tanto, alumbrándose la complejidad de los mismos.
     Me he propuesto en esta ocasión realizar un artículo solamente para mostrar las más entusiastas adhesiones, vía Facebook, que ha tenido el artículo en cuestión, en algunas veces de reconocimiento para este blog. No quiero dejar de mencionar, además, los mensajes de apoyo que han llegado a mi cuenta de correo electrónico (davidrey11@gmail.com), en tanto que por el carácter privado del mismo me resultaría imprudente plasmarlo aquí.
     A todo el mundo, entonces... muchas gracias. Dan sentido a la lucha.

Jóvenes idealistas y Mitos setentistas

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"Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo.
Puedes engañar a algunos todo el tiempo.
Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo".
Abraham Lincoln


HAY BATALLAS QUE se libran de modo pasivo. Es decir, sin concretas acciones de guerra, suele permanecer incólume el espíritu de lucha de las personas disimulado tras un silencio de espera, de expectativa filosa, de preparación subrepticia. ¿Cuál es la explicación? Bien simple: no hay mal que dure cien años. Es que hay veces que pelear es en vano; no sirve, no rinde. Es mejor callar… aguantar un poco más… y esperar a que el curso mismo de la naturaleza vuelva tranquilamente a ubicar las cosas en su justo lugar.

     Victoria Villaruel y Agustín Laje Arrigoni son el resultado mejor logrado de una sociedad que supo educadamente guardar discreción. El enemigo impostor, por su parte, ha contado con todos los medios, absolutamente todos; se ha valido de todos los medios (por si fuera poco), absolutamente todos. Por esto mismo, es que el enemigo impostor ha carecido de lo que mejor salvaguarda el espíritu de una causa: la decencia. Por mucho tiempo Argentina ha estado sujeta al capricho pueril de los indecentes.

     Cuando todo parecía escrito (léase “reescrito”) de forma imperturbable, Victoria Villaruel se propuso calladamente observar la historia desde una perspectiva limpia de ideologías y por lo tanto exenta de intereses particulares, los cuales nos llevan casi siempre más a mentir que a decir la verdad. Cuando ya prácticamente todo el mundo hablaba de “héroes”, “víctimas” e “idealistas”, Victoria Villaruel tomó la posta y habló de terroristas. Asumo que siempre la observé imbuido de una mezcla de sana envidia y admiración; sobran los hombres que vayan a celar la valentía de esta cauta mujer.

     Apenas recibida de abogada se propuso proyectar lo que años más tarde se conocería con el nombre de Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (CELTYV), una institución abocada a traer a recuento la infinita cantidad de víctimas que legó una época espantosa de nuestro país, y que muy perniciosamente es observada de soslayo tanto por el actual gobierno nacional como por innumerables actores de la política y del periodismo argentinos. El CELTYV se ha propuesto exigir el reconocimiento público de las víctimas del terrorismo como así mismo la inmediata indemnización que corresponde para estos casos; será preciso aclarar que ningún gobierno constitucional jamás tuvo gesto alguno con los damnificados aquí mencionados.
     Por si fuera poco, Victoria Villaruel es la autora del libro “Los llaman… ‘jóvenes idealistas’”, cuya descripción en tapa ilustra el objeto que persigue: “Durante años el discurso oficial escondió bajo llave parte de la historia argentina”. El libro no viene a fundar controversia con ninguna de las actuales voces en boga, signadas estas mismas en la obstinada tarea de recordar el saldo en muertes atribuible a la última Dictadura Militar, sino que aporta – con documentación fehaciente – otra contabilidad lamentable de igual naturaleza, aunque en esta ocasión perniciosamente silenciada tanto por el gobierno como por entidades políticas y mediáticas. “Los llaman… ‘jóvenes idealistas’” parte del hecho de enunciar a los mentados “idealistas” del setentismo como a salvajes criminales que mediante el terror tiñeron de sangre nuestra historia y que por lo mismo motivaron el Golpe de Estado del 76. Según la incansable autora, el silencio oficial a este respecto se debe a que muchos de los que participaron activamente como terroristas hoy se encuentran ocupando un escaño en el Congreso Nacional. Triste y lamentable, ¿no? ¡Al fin alguien que se anima a decirlo!

     No pierde en audacia la labor exhaustiva del joven escritor cordobés Agustín Laje Arrigoni, quien con tan sólo veintidós años de edad ha escrito un libro que hace estremecer la cimiente misma de tanta historia engañosa e ideologizada: “Los mitos setentistas – Mentiras fundamentales sobre la década de los 70”. Como el título lo señala, el libro pretende una mordaz desmitificación de la forma en que son actualmente recordados (también, por el gobierno y sus cómplices) los hechos que habrían tenido lugar en la susodicha época, y puntualiza con nombre y apellido a los responsables del terrorismo en Argentina. Pero es en la persona misma de Agustín Laje donde se concentra la verdadera autoridad de sus afirmaciones, ya que no sólo ha escrito innumerable cantidad de columnas al respecto en distintos medios del país y es consultado periódicamente por periodistas de todas partes, sino además cursó estudios intensivos sobre terrorismo, contraterrorismo, narcotráfico y crimen organizado en el Center for Hemispheric Defense Studies de la National Defense University, sito en la capital estadounidense de Washington DC. Debiera esto último ser un dato relevante para los que hoy en día se toman su tiempo para relativizar el alcance de su trabajo como así mismo para difamar y amenazar a esta promesa genuinamente argentina.

     De Agustín Laje Arrigoni no podría acertar a decir qué es lo que más me sorprende: si la prodigiosidad inexpugnable con que escribe, si el hecho de que lo arbitre un razonamiento tan adulto como admirable, si la no menos asombrosa coraza intelectual que lo ha mantenido a salvaguarda de tanta moda liviana y de tanta ideología fétida que suelen ensañarse con los jóvenes de este país. La lectura de los escritos de Agustín arroja un haz de luz muchas veces insospechable hasta para los mismos correligionarios al respecto, como es mi caso en particular, y así que muchas cosas se expliquen por sí solas en tanto nos dispongamos a revisar lo sucedido antes y durante del Gobierno de Facto del General Videla. No pretende el escritor negar los hechos que son voz campante de los actuales defensores encubiertos del terrorismo, ni mucho menos esgrime una justificación para la toma de un gobierno por la fuerza, pero relata lo sucedido en Argentina con tal afán de verdad y con tal rigor didáctico – mediante documentación inefable y hasta científica – que todo el que lo lee honestamente no puede menos que replantearse muchas cosas en su cabeza.

     Ya sea los esfuerzos de Victoria como los de Agustín Laje vislumbran por aquello que tanto escasea en los atropellos diarios de los actuales políticos e historietistas de turno: la decencia de sus intenciones. Parece ser que ambos investigadores tienen bien en claro que plantear una refutación lisa y llana al respecto del actual modo de recordar la historia no engendra más que división y desentendimiento innecesarios. No tienen por objeto que los argentinos nos peleemos entre nosotros, más bien al contrario: en ambos trabajos solamente hallaremos la sincera invitación a enriquecer nuestra visión de los hechos y a formar un juicio pleno en ecuanimidad. Los dos enfilan sus esfuerzos por una memoria completa y exenta de ideologías inoportunas, al mismo tiempo que exigen la consideración de los Derechos Humanos de forma imparcial e inmediata de todas las víctimas de aquel tramo feroz de nuestra historia reciente. ¿Podríamos decir lo mismo del actual gobierno y de sus intrépidos derechoshumanistas, en tanto que vociferan con ardor por los derechos de unos en detrimento de los de otros?

     Se trata, pues, como decíamos al principio, de una batalla que se dio de modo pasivo, sin mediar contiendas de sangre y evitando en todo momento la flema del escándalo; las armas mejores con que contamos millones de argentinos fue la prudencia, la paciencia y la comprensión, además del maravilloso sentido práctico que nos dictaba a nuestros oídos que “no hay mal que dure cien años”, y en consecuencia, no existe mentira capaz de soportar la erosión del tiempo. Victoria Villaruel y Agustín Laje Arrigoni consignan el resultado mejor logrado de una sociedad que calladamente supo soportar la ignominia y el chantaje, la burla y la calumnia; resumen la voz de millones de argentinos pacientes y enamorados de un porvenir saludable para todos los que habiten este suelo maravilloso.

     Por supuesto que el trabajo no está acabado y hasta podríamos decir que todavía se encuentra en su etapa inicial, pero el velo de la mentira ya fue drásticamente removido y es ahora en donde nos será dado elegir entre la valentía de sumar nuestra voz al destino que asoma o la cobardía de seguir llenando nuestros oídos con las ya oxidadas infamias de siempre. No faltará, por supuesto, el que nos injurie y el que nos amenace, el que nos anatemice tan infantilmente y el que nos insista con argumentos más aprendidos por repetición que por propia investigación. A los que, sin embargo, por fidelidad a sus principios, pretendan una relativización de nuestras afirmaciones, les sugiero tengan la educación de no incurrir en tergiversaciones y descontextualizaciones, actitudes que inevitablemente los ubicarán del lado impostor.

     Hace de toda la vida que sobrevuela mi cabeza el mote de fascista o de golpista por observar simplemente con suspicacia el relato oficial de lo sucedido en los setenta, y sé que no es el mío el único caso; por eso mismo vale la siguiente consideración: no somos golpistas por negarnos a creer en sucias mentiras; somos argentinos que simplemente hacemos frente a ese golpe infeccioso que significa la mentira. Si algo de golpistas tuviéramos en vez de bregar pacífica y educadamente por una memoria completa, estaríamos haciendo aquello que hicieron los “jóvenes idealistas” que nuestros mismos detractores recuerdan con cariño.

     Muchas gracias.


Impresiones sobre Entre Ríos: excelencia en seguridad

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Tuve ocasión de visitar la ciudad de Colón, en la margen del Río Uruguay. Es una ciudad hermosa, estrictamente mesopotámica y de nutrida historia (dicen que fue la favorita de Urquiza). Los entrerrianos me contagian siempre la misma impresión: gente amable, sencilla, trabajadora, aunque ciertamente hermética y melancólica; me pregunto si entre ellos hablan de fútbol y de mujeres, y si acaso alguna vez cometen la impudicia de estallar a carcajadas.
     Colón es una ciudad de no más de veinte mil habitantes (estables), aunque se trata de un número - me decían - que suele duplicarse con facilidad en época de mayor turismo. Cuenta con Casino y hasta con lujosos hoteles; ese río amplio - inteligentemente explotado - ha transformado la vida de la ciudad, le ha dado un sino. Debería esta ciudad estar mejor publicitada en Rosario, y por cierto que también debería estar mayormente consignada en las rutas entrerrianas (desde mi ciudad a ella sólo he visto carteles de Gualeguaychú, Basavilbaso, Concepción..., pero ningún cartel que dijera "Colón"). En fin, de Rosario hasta la margen del Río Uruguay todas mis impresiones fueron favorables; podría afirmar que el trayecto caminero no sólo que es excelente salvo algunos tramos, sino que además son las rutas notablemente susceptibles a reformulaciones estructurales. Para todo argentino es lindo que te molesten porque están construyendo, alargando, corrigiendo, haciendo más hermoso todavía este país.
     Pero lo que más me llamó la atención en mi travesía por Entre Ríos poco tiene que ver con el hecho de endulzar aún más la folletería turística (o quizás sí). Aquello que me dejó verdaderamente admirado fue la asidua presencia policíal en todo el ancho recorrido entrerriano. En efecto, no hubo intersección alguna donde no haya habido un grupo de policías dispuestos más para guiar al viajero que para apercibir alguna falta eventual (en todo el recorrido, sólo di con un operativo en que hacían descender de un coche a una pareja, aunque no pude averiguar las causas). Puedo afirmar que la policía de Entre Ríos destaca por razones de rigor, sencillamente.
     He tenido ocasión de cerciorar la más que buena predisposición de los agentes: educados, bien vestidos, afeitados al ras, bien dormidos, limpios, respetables. Se trata de una impresión que necesariamente debí compartírsela a un poblador, en tanto que este mismo de inmediato evocó el nombre del señor Héctor Roberto Massuh, Jefe de la Policía de Entre Ríos. En internet es poca la información que pude recabar al respecto, por lo que debo quedarme con las ligeras aseveraciones de mi entrevistado. Según me decían, entonces, el Comisario Massuh es un "afanoso" en lo que respecta tanto a la labor policíal como a la presencia misma de los agentes, pudiendo incluso amonestar con tres días de cárcel al que no se vistiera convenientemente. Es que la policía de Entre Ríos es una de las pocas del país que cuenta con sastrería propia, por más que el mismo Massuh aclarara en una entrevista radial que todavía no alcanza para abastecer a todo el personal.
     Quise saber si acaso el comisario tendría alguna afinidad especial con la actual administración kirchnerista de la provincia de Entre Ríos, mas obtuve por respuesta que la exhaustiva labor de Massuh se remonta a los tiempos de la anterior gobernación. Específicamente, Massuh hace más de treinta años que los tiene dedicado a su profesión, hace más de seis que es Jefe de la Policía de Entre Ríos y prontamente tiene por objeto instalar casi 30 cámaras de seguridad en la capital provincial, Paraná.
     La buena impresión que me llevé al respecto puede quizás inclinarme a exagerar mi admiración, pero la misma no es otra cosa que una denuncia implícita a las condiciones lamentables de los policías que observo a menudo en mi provincia y en mi ciudad. Asumo que Santa Fe, y particularmente Rosario, son plazas mucho más complejas y conflictivas en materia de seguridad, pero esto no quita que no se vaya a optar por revisar modelos que pueden estar apenas cruzando el Río Paraná. En fin, no siempre el grande es aquél que sirve de ejemplo para el chico, mucho menos cuando este último con la sola presencia nos indica cuál es y para dónde está el rumbo que perdimos.


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