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Cómo debería enseñarse el Periodismo (CDEP)

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INTRODUCCIÓN
LA PREOCUPACIÓN NACE de la inquietud; esta misma, a su vez, tiene su origen en una humana motivación de perfeccionamiento. Es que los seres humanos no somos perfectos, pero sí somos “perfectibles”, de ahí nuestra inquietud para transitar los caminos que dictamine el afán de perfección.
     Pero cuando hechos o cosas circunstanciales tienden a distanciarnos de ese ideal de perfección humano, o bien a trabar o demorar el paso que a él nos direcciona, la inquietud que mencionábamos en un principio de inmediato se transforma en reacción y la preocupación muta directamente a convicción.
     No es para mí ningún placer asumirme, pues, un “reaccionario”. Esto habla, naturalmente, de que por lo pronto debo renunciar a mis inquietudes en pos de su restablecimiento, cuando estoy en una edad y dentro de un proceso social en que debiera enrolar mis fuerzas no para otra cosa que para el desarrollo personal y la performance profesional. En resumen, estoy perdiendo el tiempo que debiera abocarlo a mi perfeccionamiento.

CDEP: El periodismo es más investigación que periodismo

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(Nota: deberé advertir al lector que promediando el artículo muy posiblemente se encuentre con afirmaciones mías que puedan sugerirse un tanto "disparatadas". Digamos que en cierto modo apelo al sentido del humor del buen visitante, y por lo mismo al él le concedo el trabajo de discernir entre lo razonable y lo descabellado, cosa que yo, por cierto, todavía no pude hacer).

OTRA REGLA DE oro: un estudiante para periodista debe ser educado para ser un investigador.
     ¿Y qué es investigar? Simple: investigar es ir tras la fuente. Y no nos compliquemos más. Investigar es simple y solamente eso. Pues bien… otra pregunta… ¿qué es “ir tras la fuente”?
     Debo enunciar esta acepción desesperada: ir tras la fuente es poner un pie repetidamente delante del otro por aquella senda que en Argentina conocemos como vereda pero que en el resto del mundo hispanohablante se entiende como acera, en un proceso que el común de la gente puede entender como caminar o, si el paso es apresurado, como trotar o correr. Eso es “ir tras la fuente”: ir de un lado a otro conociendo hechos, entrevistando gente, buscando testimonios, derribando mitos, revirtiendo prejuicios (propios y ajenos), tendiéndole la mano al empresario, abarcando la problemática del sindicalista. “Ir tras la fuente” es ir tras aquello que fundamenta nuestras suspicacias, lo que anima nuestro espíritu investigativo. ¡Ojo… no estoy tan loco con lo que digo! “Investigar” viene del latín y se descomprime en ‘in’; ‘vestigare’, lo cual equivale a “ir tras del vestigio”, “en pos de la huella”, “en busca de”. ¡Precisamente!
     Pero claro… la investigación, dentro del mismo periodismo, es también una técnica aparte. El estudiante que aspira a ser periodista encierra en sí muchas más aspiraciones que medios para la realización de las mismas; adopta como referentes periodistas o críticos que en la mayoría de los casos ofrecen mordaces cuestionamientos de la realidad; es dócil en materia de ideología política (de ahí el empecinado empeño “partidista” de muchos docentes); cree que el periodismo le servirá para ayudar en la construcción de un mundo mejor. En fin, el estudiante que se adscribe para periodismo – no en todos los casos – es un idealista. Como tal, prontamente se dará la cabeza contra la pared.
     Aquí mismo es donde debe intervenir el docente, ofreciéndole las herramientas de trabajo antes que saturarlo con teorías estrafalarias que sólo adelantarán ese porrazo sin retorno que le espera en la profesión. Es cierto que un periodista “critica”, y que cuando lo hace sus críticas incluso pueden ser denuncias que hasta pueden llevar a la cárcel a una persona. Ese mismo periodista que “critica” y que nosotros admiramos, para darse a la tarea de criticar ha tenido necesariamente que sortear un largo trecho de años de trabajo y – ahá – de investigación. En resumen, ha debido pacientemente fraguar su propio prestigio.
     Por propia experiencia puedo afirmar que para darnos a la tarea de sentar nuestros cuestionamientos sí o sí debemos hacernos de cierto “prestigio”. Un periodista sin prestigio que critica es un papelón andante, una voz sorda cuya credibilidad será el hazme reír de sus detractores (si es que tiene la suerte de tenerlos). La investigación, entonces, deberá asumirse como la columna vertebral del periodismo, como aquel costal de huesos vitales para la credibilidad y el consiguiente prestigio por venir.

CDEP: El Periodismo es un oficio, una profesión técnica

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Este artículo prosigue a "Dónde -precisamente- se aprende a ser periodista".

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DENTRO DE UN aula resulta imposible arribar a una performance profesional, más aún considerando que además de no fundar relaciones importantes también se extingue la posibilidad de irnos agilizando en el verdadero terreno periodístico que, como ya dijimos, es la calle. ¿Y en qué otra consiste eso de “agilizarse”? ¿Cómo debieran auxiliarnos los docentes a este respecto?
     Se trata de algo que, dado el caso, suele ocasionarme ciegas resistencias ya sea por parte de los docentes (aunque no todos) como de mis mismos compañeros, pero yo insisto en que hay que ser conscientes de una cosa elemental: el periodismo no es una carrera o profesión “humanística”, sino un oficio hecho y derecho, por lo tanto cuenta con una “técnica” específica. De modo que es una “carrera técnica” o, bien, una “tecnicatura”. Ergo, es hora de que comencemos a obrar en consecuencia. ¿Cómo? En principios, poniéndonos al día con la tecnología actual, es decir, estableciendo un nuevo orden de prioridades en lo que respecta al resarcimiento de los temas de estudio y la “modalidad” de trabajo. Seré más directo todavía: llegó la hora de dejarnos de embromar con cuanto barrullo humanístico exista y ponernos a trabajar de verdad.
     Cada época tiene en sí sus propias prioridades; quizás hubo una – aunque lo dudo – en que fue prioritario enseñar al alumno sobre bardeos marxistas, positivistas, izquierdistas, socialistas, peronistas y todo cuanto tenga que ver con algo que no sea el trabajo y la profesión periodísticos. ¡Basta ya de lloriqueos! ¡Ya ni parece el Periodismo cosa de hombres, por Dios! Se impone a corto plazo una reestructuración substancial de la pauta educativa: abandonemos de una buena vez la plática humanística y arribemos cuanto antes al ejercicio técnico.
     Por infinitas razones es importante que, por ejemplo, la materia “Periodismo Gráfico” de segundo año se resuelva mayoritariamente con la utilización del Photoshop o del Corel (o el Gimp o el Paint.net, considerando que estos últimos son libres y gratuitos); de la misma manera, tanto Radio de segundo como de tercero (aunque también tendría que dictarse en primero), debería priorizar – antes que las transmisiones “de mentiritas” que hacemos todas las clases – el uso de los programas de edición de audio tales como el Audactiy o el SounForce (gratuito el primero). Pero esto que yo propongo es tan sólo la punta del iceberg de todo cuanto quisiera decir.

CDEP: ¿Dónde - precisamente - se aprende a ser periodista?

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MALA NOTICIA PARA los profesores: el periodismo no se enseña dentro de las aulas. Al contrario, allí dentro se “desenseña”. ¿De qué forma puedo acreditar lo que digo? Sencillo: más de tres años de tomar clases me autorizan a formular esta afirmación.
     El periodismo no debe enseñarse sólo dentro de las aulas porque de este modo se le está amputando al futuro profesional aquello que más constituye la formación del periodista: la calle. El periodismo es una profesión callejera. Es en la calle donde el estudiante irá asumiendo la performance profesional de la cual obtendrá la experiencia, las relaciones y el sustento para vivir; allí está la verdadera escuela del periodista.
     Rosario, particularmente, es una ciudad de incontable cantidad de eventos de toda clase por semana: desde una degustación de vinos, a un simposio de economía; desde una presentación de pinturas a una manifestación sindical; desde la inauguración de un nuevo local de ropa a una marcha a favor del aborto. Rosario es una ciudad que constantemente da de qué hablar… ¿y a quién da de qué hablar más que a los mismos periodistas? Allí es donde tiene que estar el estudiante – grabador en mano – registrando aquello que sucede no tanto por el hecho en sí como para ir ganando experiencia y formulándose la red de contactos personales que le servirán para la creación de una agenda imprescindible para el día de mañana. Todo estudiante de periodismo, antes de terminar de cursar, debiera alguna vez haber entrevistado al gobernador de la provincia, o al menos al intendente municipal. Todo estudiante de periodismo, al final del cursado, debe estar preparado para entrevistar – sin que le tiemble la voz – tanto a un mendigo como a un presidente. Esto, naturalmente, sólo se obtiene de la práctica.

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